miércoles, 17 de enero de 2018

La palabra Hinéni (heme aquí o aquí estoy) se utiliza en la Biblia para describir el estado de atención plena y percepción consciente.
Personajes como Abraham, Samuel, David y María han sido muestra de esta disposición esencial de su ser, exponiendo con ello toda la materia al servicio de la intimidad más íntima de sí.
Es en este núcleo del ser (su esencia) en el que encuentro una distinción:
1) la esencia (de la esencia del ser) es su espíritu: es el ser o la estructura habitual (el hábito) que domina y define la especie de nuestro ser: el modo de vida (y la vida en sí).
y 2) la substancia (de la esencia del ser) es el alma: la sensibilidad o estructura actitudinal que define nuestra personalidad con base en el carisma: el estilo de vida.
El epifenómeno del espíritu es la conciencia, mientras el del alma es la sensibilidad o el estado anímico.
Al espíritu corresponden el hábito, la mente o psiqué, sentidos externos (oído, vista y análisis o reflexión), las cuestiones respecto al espacio, la intelección.
Al alma corresponden la costumbre, el cuerpo, sentidos internos (olfato, gusto y tacto), las cuestiones respecto al tiempo, la imaginación.
Sin embargo, entre ambas partes (substancia/esencia) existe un acto vital (no es el ser ni ninguna de sus esencias, ni es la vida o alguna forma específica que la procura [como la electricidad, lo alcalino o cualesquier cualidad sustancial]): es el continuum o cuerpo en tanto que punto de encuentro del ser. Es definido por la voluntad, el deseo, el impulso vital, la respiración o el aliento, el menester (necesidad obligatoria de algo). O bien, el punto relacional en la que el ego se relaciona con algo.
Y, dado que el ser no es un ente escindido sistemática-académicamente, sino una integridad en conjunto expuesta, existe una cuarta dimensión en este orden existencial (o material-mecánico) del ser. Esta cuarta dimensión es la contingencia-accidental; de donde pueden abstraerse partículas o particularidades como "el inconsciente", lo accidental y lo accesorio, lo impropio y lo espurio, lo imprevisible y lo indescifrable o indefinible. Es decir, lo no característico del ser como tal, pero que, como parte de una especie en específico, es parte lo que lo afecta, lo puede o lo pudiera afectar, en tanto ser o en tanto ente. Esto es, en este rubro entran tanto las carencias como los defectos de su existencia y de su ser (que 'irónicamente': "no lo definen, pero lo limitan como ser y, en determinados caos, lo identifican como parte de un grupo mayor trans-generacional o trans-especie").

[Este trabajo aún se encuentra en proceso]

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