Ya que no hay más por el momento...
Ya que llevo por el momento un tiempo sn poder escribir;
les dejo una recopilación que hice para una convocatoria en la BUAP.
Misma que finalmente no entregué, por cierto.
Espero que algo les guste. Salut!
No volverás.
“Renunciar a ser amado, glorificado, buscado, recordado.
Porque la amada llega para disolver las ficciones que nos sostienen,
y en faltando ese sostén caemos como Los[1]”
Sergio Mondragón, Pensamientos terribles.
Del tú
Tal vez debería de empezar diciendo que me llamo Eduardo.
o por escribir un verso infinito que se prolongue en espiral; más allá de la muerte:
Odumodneurtse!; azul,
flujo compartido.
O tal vez deba comenzar por pronunciar mi muerte: quién soy;
quien seguiré viviendo.
O deba empezar por una corazonada,
una ilusión,
esa extraña miseria de ser y nunca ser y compartirse, felices;
esa mutua alteración de las especies, del corazón, de todo
lo enteramente material-ficticio.
O tal vez deba comenzar al revés…
13-10
Quisiera escapar de muy diversos modos: o enfermarme.
abrir paredes; – escribir montañas.
Surcar los mares en un barco de papel.
En una bolsa de viento o sangre,
en una pastilla de color limón
to work — to word — to world.
14-10
Sigo viviendo amante de este eterno retorno que te pronuncia.
de aquellos ojos claros –como dos tazas de café de vip’s–:
De toda esa esperanza.
De todos esos adioses que me hacen sonreír.
–viento que explota–.
Que no regresan –pero que han de regresar–,
siempre presentes.
tierna espiral que va estrechándose cada vez más;
–eternamente–
hasta la muerte.
15-10
Tú me apagas todos mis sentidos.
apagas mi muerte:
transformas todos mis sentidos;
laboras sobre mis sienes, surcando los muros,
Traspasas mi conciencia.
dañándola.
Volviéndote tú mi placer –mi ego, mi contraparte–.
Esencia estupefaciente:
música concreta.
19-10
Tú eres mi pensamiento.
física y geográficamente.
(en su esencia):
Yo me traspongo, y me subordino,
y soy.
todo en tu esencia y todo en tu amargura.
soy espejo y transformación.
‘pavesa e imagen pura’.
soy:
Tú concluyente contra un yo incesante:
Alfabeto en perpetua reestructuración.
21-10
La poesía me libera de mí mismo.
De mis propias palabras,
de mi aliento.
De la sutil fragancia que deja una caricia
de ese apretón de manos;
de esa risa que es fingida.
La poesía me libera del espanto
que soy; que siempre he sido.
De las múltiples frases de adiós que nunca dije.
De los múltiples suspiros bajos,
(ecuestres) que mutilan.
De todas esas angustias de que no
soy referente. De la prisa de mí mismo.
De ti, y de mí, Muerte maldita.
De encontrarte y callar; de nunca verte:
la poesía me libera de la salvación.
22-10
Todo es por este puto sentimiento que llamamos Amor,
por esta muerte,
por este quemarse los pies en busca de un nombre mismo,
Este desesperante cortarse las venas en busca de la gangrena,
por el corazón, el vientre
–vacuo sentimiento de sensibilidad infinita–.
Toda la efemeridad en una sola palabra: Amor:
Jamás acabarás de ser Amor
–nunca te vayas–;
y continúas deviniendote a mi alrededor.
Del Yo
cuerpo sin sentido
“Nothing really matters, Anyone can see,
Nothing really matters,
Nothing really matters to me.
Any way the wind blows”.
Queen – Bohemina Rapsody]
dicen que soy pura palabra
que la tonalidad me domina, incesante,
que mi cuerpo y mi mente se parecen a las gaviotas.
que se esparcen!
que ambas cosas son toda y una cosa misma
–sin señas de identidad; sin prosodia–:
verbo y carne unidos en una sola palabra;
en un solo ausente
(mis labios empiezan a claudicar; mi piel se calcina)
y es acaso el vuelo de las aves el que me mantenga vivo: sólo un sonido!
ese sonido delicado y frágil;
que va definiendo mi vida.
Entonces supo que nunca regresaría. Se borrarían las huellas; no el destello de las figuraciones
La perseguiría con la mente en su recuerdo.
La buscaría su mirada, de reojo, mirándolo,
fingiendo no prestar atención ante su ausencia.
Después;
perseguiría su recuerdo hasta llegar a sus piernas
–deliberadamente;
suavemente tocadas por su imaginación–;
por su recuerdo.
Y ese perfume vago rondando por todo su pensamiento,
dañándolo;
enfermándolo hasta la necesidad, hasta el ansia...
Llevándolo por caminos oscuros hacia la rendición,
hacia la redención.
Hasta perderse.
Hasta encontrarse perdido en medio de su imaginación..:
Pobre sobreviviente, del naufragio de sí mismo...
ancla perdida de inconsciente embarcación..?
Viejas palomas
No sé cuántas palomas he matado últimamente.
Pero sé que las piedras se me están terminando.
Que me estoy quedando vacío, falto,
lleno de tedio,
de palomas que cagan en mi imaginación:
noches de furia, de física nostalgia;
de orgasmos y olvido.
De un anclado adiós y una nave que no espera:
palomas que van llenando de excremento mi imaginación.
Xitlally: lo onírico no nos lleva a nada nuevo.
Pienso.
No pienso en nada.
Pero lo pienso.
Y es como si lloviera también por dentro.
Como nadar, ¿por qué no?
¿O a quién no le gusta empaparse ardiendo envuelto en una gran sábana blanca
casi transparente?
¿O es que acaso estamos predispuestos al exilio?
No.
Eso no sería posible.
La única salvación se encuentra en la marejada, en el llanto.
En el alma ajada, en el canto.
En ese fluir y refluir y refluir de la conciencia.
De ese cansancio eterno. De la predestinación.
Ese amargo encanto de caer y caer;
y caer,
siempre al olvido…
Sin justificación.
“Si me perdonas, si me das,
otra oportunidad, amor,
prometo escribirte una canción,
diciendo que ahora acepto la derrota,
pero sólo si me perdonas.”
Bunbury - Pero sólo si me perdonas.
Lo digo para mí mismo.
Sin tono.
Así –secamente–,
sin signos de admiración, de duda;
sin miedo alguno.
Como si la vida se me fuera o si me viniera en sólo pensar en ello
(sin diéresis, sin marcas comprimidas…
sin, sí…
–¡entonces la soledad se vuelve más grandiosa!–:
¿y si sólo la imaginación ‘tuviese pegada a tu cuerpo?, ¿si,
si tan sólo la soledad no significara regresar del olvido?,
¿si
tan sólo la soledad, ¡únicamente!,
no significara un retorno hacia la nada
(de ti, de mí,
de toda esa sustancia llamada deseos…;
de todas aquellas partículas que llamamos pasión –sueños, nostalgia; necesidad del otro–)?).
Entonces –y sólo entonces–
(cuánta la soledad, cuánto el deseo), así,
es como acepto el hecho lleno de desgracias (entonces la soledad;
luego el deseo):
No pierdo nada con pronunciar tu nombre.
Si tan solo…
Y si lanzara poemas en vez de lagartijas.
Si tan sólo la palabra suicidio me sirviera alguna vez,
para tenerte,
para salvarte del puto laberinto o salvarme a mí.
Para que mueras o muramos juntos sin una desolación,
sin una angustia.
Sin sentir siempre la pinche duda de seguir saludando o estar diciendo adiós.
Sin verte lejos.
Sin tenerte.
Sin tan sólo respirar, tu amor,
¿por el precipicio?
Estos momentos.
En estos momentos en que Dios existe
en que la lluvia me trae viejos recuerdos
en que todo se esparce
rojo, como el viento
en que todo parece una sola masa cuasiforme
que se enquista en la mente devorándolo todo
como una mariposa
la arena comienza a llegar a mí
viejo recuerdo
y la lluvia, poco a poco
va estrangulando mi mente.
Amanecer y sensación.
voy despertando hacia ti,
hacia tu cuerpo raudo, volátil, hecho de un vuelo.
voy despertando a la imaginación de tenerte junto a mí,
abrirte los ojos, el corazón, los muslos
de continuar con esa procesión de ébanos y nueves,
de robles y jazmines puros.
Voy despertando hacia ti y me voy descubriendo en mi cuarto
sólo pensando en ti
pensando en ti. solo, en mi cuarto,
sólo y mi conciencia de ser.
de estarte siendo.
de desatarte el vestido
besar tus labios.
perdernos hasta el amanecer, luego encontrarnos
tatuados, sobre la arena,
sobre un muro de papel, de palabras,
en nuestro corazón.
Rozo tu rostro,
tu piel, tu cuello
y voy descubriéndome en cada parte de ti, en cada trozo, en cada sensación.
Y entonces –tan sólo entonces–
Voy despertando hacia ti.
El recuerdo y el olvido; pasajes de una vida nocturna
“L'imagination au pouvoir !”
(“¡La imaginación al poder!”)
Estudiantes en el Mayo francés, 1968.
A mi tío Anselmo (r.i.p.) y a Hernando Martínez.
Somos ausencia.
Somos soledad; el llanto.
Un nido de palomas que no florecerá.
Somos angustia, las presas del espanto;
vieja soledad que nos hacina al aire.
A la música, al espacio.
Mismo viento, mismo destino.
La misma sensación
de seguir llegando.
Árbol de adiós sin un fruto prohibido.
*** Comprendo que -según Sergio- hace falta un texto que cierre bien el poemario. Pero por el momento esto es lo que tengo.

